domingo, 31 de octubre de 2010

La Educación ..la única alternativa

EDUCACIÓN... la única alternativa
Manuel Rodríguez Salazar
Mensaje Semanal


En la vida de cualquier ser humano no hay nada más importante que aprender a ser el líder de su propia vida; entender que uno es la causa de todo lo que a uno le pasa; descubrir, como dijo Pico della Mirandola en el siglo XV, que uno tiene el poder para transformarse, según su voluntad, en lo más bajo o en formas superiores...”

Cómo vivimos, cómo nos comportamos con otros seres humanos, en qué grado desarrollamos nuestro potencial y el origen mismo de nuestros conflictos personales, familiares y sociales, tienen su origen en la educación que recibimos.

Aunque hemos progresado impresionantemente en ciencia y tecnología, no ha habido avances en la educación para que aprovechemos nuestras monumentales posibilidades, como el poder de los pensamientos, de la atención concentrada, de la auto-observación y de las creencias. ¿No es primordial aprender a explotar nuestro enorme potencial como seres humanos? ¿No es fundamental que esas enseñanzas formen parte de la educación “elemental” de los niños?

Las finalidades principales de la enseñanza básica debieran ser:

Enseñar a los niños cuáles son las extraordinarias posibilidades que pueden realizar en sí mismos y cómo lograrlas,
ayudarlos a desplegar todo su potencial,
inspirarlos a cooperar con la comunidad en que viven, con su país y con el planeta mismo,
sensibilizarlos sobre su responsabilidad ante los demás,
hacerles ver que los derechos individuales terminan donde empiezan los de los demás,
comprender que para que la humanidad – de la que son parte – funcione bien, se requiere que todos contribuyamos al bien de todos.
A esta gran tarea la denomino: educación trascendente, educación que puede producir los mejores frutos cuando se imparte en la infancia, en el momento en que se crean hábitos con facilidad, cuando los niños todavía son como mariposas, antes de que los adultos les cortemos las alas, impidiéndoles la posibilidad de ser todo lo que pueden ser.

La posibilidad de transformación de los seres humanos ha sido expresada por grandes pensadores: los filósofos griegos, los de la India y los genios del Renacimiento. Los científicos, particularmente los dedicados a la física cuántica, vienen comprobando hace años lo que los sabios de la antigüedad expresaron desde el principio de la historia. Inexplicablemente, esos portentosos conocimientos ancestrales no han sido materia de enseñanza en las escuelas, sin existir justificación para que esa instrucción sea privilegio sólo de unos pocos y sí sobrando razones para que sea accesible a cualquier persona.

El conjunto de conocimientos básicos – para poder ser todo lo que uno puede ser – debe formar parte de lo que llamo educación trascendente.

Los buenos maestros desde tiempo inmemorial han sabido que para verdaderamente aprender, las personas deben descubrir dentro de ellas mismas; que es fundamental hacer las preguntas correctas más que pretender tener todas las respuestas y, además, mantenerse en la pregunta, porque siempre dará nuevas respuestas; que es básico generar en los niños la autoestima y el amor; encomiar sus cualidades, talentos y valores, en lugar de enfatizar sus defectos y debilidades.

Si podemos aprender a caminar descalzos sobre brazas al rojo vivo, ¿cuáles son nuestras limitaciones? ¿De qué dependen? De la educación que recibimos.

Las posibilidades de la educación son asombrosas. Es triste que no se enseñen, particularmente cuando atestiguamos el potencial humano desperdiciado y los problemas que nos abruman: inseguridad, desempleo, subempleo, pobreza extrema, destrucción del medio ambiente físico y biológico y un futuro cada vez más incierto. La educación tiene la posibilidad de transformar a los individuos, pero sólo podrá lograrse cuando los que educan, incluyendo en primer término a padres y maestros, se convenzan de la enorme contribución que está en sus manos realizar. Es cuestión de que lo decidan. Usted y yo podemos influir en despertar esa conciencia.

Esta visión que estamos reflexionando Usted y yo puede convertirse en realidad con padres y maestros comprometidos, respaldados por los muchos que – aún no siendo maestros o no teniendo hijos pequeños – estamos absolutamente convencidos de que la educación es la única alternativa para un mejor México, un México del que nos sintamos totalmente satisfechos y orgullosos, aunque para atestiguar los resultados se requiera un tiempo largo, el que tome una nueva generación.

Robert Theobald, economista y educador, dijo: "No hemos caído en crisis continuas porque hayan fallado nuestros ideales, sino porque nunca los hemos puesto en práctica". Siguiendo lo planteado por esa frase, cada uno de nosotros puede decir: no hemos llegado a ser todo lo que pudimos haber sido porque no hemos hecho todo lo que debíamos y pudimos haber hecho.

ERRORES COMETIDOS

La educación la impartimos conjuntamente padres, maestros y adultos. Hemos aplicado un estilo autocrático, no permisivo, que comunica sólo hacia “abajo”, que frena la creatividad, que menosprecia la inteligencia de los niños y que entorpece – llegando a paralizar – su capacidad de crecimiento por el resto de sus vidas, creándoles conflictos inconscientes, creencias inapropiadas, hábitos negativos e imágenes limitadas sobre sí mismos. Los padres, maestros y adultos – los “educadores” – somos, en general, pésimos modelos. Prodigamos malos ejemplos, bajas expectativas y aún humillaciones, particularmente a niños de pocos o nulos recursos económicos. No tenemos idea – por lo que evidencian nuestros comportamientos – que el propósito de la educación, su razón de ser, es facultar a los individuos, especialmente cuando niños, para que descubran lo que no pueden ver por sí mismos, para llegar a ser todo lo que pueden ser, para ser los verdaderos y únicos líderes de su vida.

Lo que sí aprendimos – y nos hemos ocupado de enseñarlo a los niños – es a comportarnos como otros esperan, a “vivir viendo hacia atrás”, a no tener seguridad plena en nosotros mismos, a ser esclavos de reacciones, de miedos y de resentimientos, a competir en lugar de cooperar desinteresadamente, a desconfiar, a no escuchar, a ser indiferentes con los menos favorecidos y con los problemas sociales.

El encauzamiento de la educación tradicional ha generado conductas egoístas, materialistas, estrictamente individualistas, dando lugar tanto a la búsqueda irracional de bienes materiales, por la creencia errónea generalizada de que “como te ven te tratan” interpretada como “primero tener, para poder ser”, así como a la actitud de “si yo estoy bien, que los demás se arreglen como puedan”.

Ha faltado comunicación convincente de padres a hijos sobre los inmensos beneficios a que da lugar la educación. Tampoco ha existido apoyo ni reconocimiento suficiente a los maestros por su apostólica labor.

Casi todos hemos llegado a pensar, ante la magnitud y complejidad que implica la educación de millones de niños, que es imposible que “yo”, una sola persona, pueda hacer algo para mejorarla. Por ese pensamiento erróneo, nos hemos abstenido de actuar y resignado a la situación prevaleciente. ¿Qué sucede cuando tantos mexicanos toman esa actitud? ¿Qué ocurre cuando los niños, al terminar la primaria han gastado más del doble de tiempo en ver televisión – observando miles de acciones violentas – que el que invirtieron en la escuela?

Dice un antiguo proverbio chino: “Si no cambias de dirección, es muy probable que termines en el lugar hacia el que te estás dirigiendo”. ¿Hacia dónde nos estamos dirigiendo con la educación que está recibiendo la próxima generación?

METAS DE LA EDUCACIÓN TRASCENDENTE

Las siguientes son metas prioritarias que deben lograrse con la educación trascendente de los niños (porque la transformación ya no es tan fácil que cristalice con adolescentes):

despertarles júbilo por aprender (en mayor medida corresponde a los padres hacer ver a sus hijos las maravillas que propicia el conocimiento),
enseñarlos a auto-observarse, a conocerse a sí mismos y a tener disciplina para hacer lo que se propongan... considerándolo agradable, aunque aparentemente no lo sea,
entrenarlos para aprovechar el poder de los pensamientos, cuando aprenden a controlarlos... para beneficiarse de las capacidades asombrosas de la mente,
inspirarles seguridad total en ellos mismos, a no tener tantos miedos y temores (también responsabilidad primaria de los padres),
conocer las consecuencias de sus creencias... guiándolos para que descarten las que puedan limitarlos,
descubrir la trascendencia de sus actitudes... porque la actitud es todo,
aprovechar el tiempo... el único recurso que todos tenemos por igual,
comprender el poder de crear una visión y tener objetivos para alcanzarla; que se den cuenta que los buenos deseos no sirven para nada si no se complementan con pensamientos positivos y con acciones congruentes... porque lo único que produce resultados es la acción,
desarrollarles la habilidad para concentrar su atención... la atención es una de las cualidades más valiosas, porque es fuente de todas las virtudes. Ejercitarla ennoblece el carácter y la conducta. Concentrarse única y totalmente en lo que se está haciendo es una habilidad que los niños pequeños despliegan con maestría, igual que la comunicación poderosa – la que logra que otros sientan lo mismo que uno siente – habilidades que, desafortunadamente, “desaprenden” temprano.
Ayudarles a formar buenos hábitos.. hacerles ver que los hábitos construyen el carácter y que carácter es destino.
Guiarlos para descubrir el poder del inconsciente y cómo el consciente puede controlarlo.
Los maestros, con el apoyo firme y decidido de los padres, tienen la magnífica posibilidad de generar estudiantes con poderes al alcance de cualquier ser humano, despertando sus capacidades, inspirándoles integridad, espíritu de colaboración y de servicio altruista, haciéndoles ver que, como decía Dostoievski: “cada uno de nosotros es responsable por todo ante todos”. Enseñarles cómo las personas pueden enriquecerse y facultarse unas a otras.

Si estas metas se alcanzan, ¿puede Usted imaginar hasta donde llegarán los niños que reciban esa educación trascendente?

Obviamente, para alcanzar esas metas se requieren padres conscientes y maestros que amen lo que hacen, que busquen el crecimiento integral de sus alumnos, empezando por su autoestima, porque entonces los niños amarán lo que ellos enseñan. Maestros de este “calibre” son indispensables en todas partes, pero sobre todo, fundamentalmente, en los primeros años de educación básica. El doctor Phil McGraw dijo: “Nada hace que las cosechas crezcan tanto como la sombra del dueño y nada hace que los niños crezcan tanto como la sombra de un padre”... y de un maestro, agrego yo.

¿Es posible lograr estas metas? Yo no tengo la menor duda. El punto de partida está en nosotros, en Usted y en mí. Pero, siendo realista, debo aceptar que el camino está lleno de dificultades. Enfrentaremos múltiples obstáculos, personas escépticas, individuos a los que no les faltarán argumentos para criticar ideas tan “utópicas”, tan irrealizables. Con todo y eso, lo único importante es: ¿qué piensa Usted?. ¿Cree realmente que vale la pena trabajar para lograr esas metas?. ¿Está dispuesto a comprometerse y hacer el esfuerzo que haga falta y se necesite por el bien de los niños, de nuestro país y de un mundo que funcione mejor para todos? Si unos cuantos nos comprometemos profundamente con ese sueño y somos capaces – cada uno – de comprometer a dos o tres personas a que se comprometan, también profundamente, a comprometer a otros dos o tres a hacer un pequeño esfuerzo para crear las condiciones que propicien que los niños obtengan el óptimo desarrollo de su inteligencia, para que aprendan valores éticos y para que tengan seguridad en ellos mismos, en poco tiempo habremos logrado lo que, en esencia, dijo Víctor Hugo: “No hay nada tan poderoso como una idea a la que le ha llegado su tiempo”.

Sólo podremos vivir en un México desarrollado y a la altura de sus fantásticas posibilidades si transformamos la educación para la nueva generación, la de los niños que hoy están naciendo. Para lograrlo es necesario que las acciones las realice la generación actual, nosotros, Usted y yo.

POR QUÉ NO SE RESUELVEN LOS PROBLEMAS

La causa normal, frecuente, por la que los problemas tienden a no solucionarse, radica en que cuando alguien, cualquier persona, toma una posición, surgen de inmediato contraposiciones de otros individuos, dando como resultado fricciones y conflictos. Basta que una persona tome una posición sobre cualquier asunto para que de inmediato otro u otros tomen la posición contraria. Es automático. Si alguien dice “arriba”, otro dirá "abajo". Si alguien dice “derecha”, otro dirá rápidamente "izquierda". Si un grupo dice “el camino es este”, saltarán otros diciendo: “eso no funcionará”, “tengo un idea mejor”, “probemos esta otra alternativa”, “nada de eso servirá”, “necesitamos hacerlo de otra manera”.

Como todos sabemos, lamentablemente con infinidad de ejemplos en esta época, los problemas nunca se resuelven tomando posiciones y contraposiciones. Por lo contrario, se convierten en problemas sin solución, en frustración y en actitudes de resignación. Con las discusiones inútiles típicas, los problemas se agrandan en lugar de solucionarse, provocando un enorme desgaste de energía, entropía, es decir, hacer que 2 + 2 sea igual a 3 o a 1 o, inclusive, a números negativos. Si la energía de cien millones de mexicanos se aprovechara constructivamente, si percibiéramos que todos podemos contribuir a la solución de desafíos, por grandes que sean – en lugar de sólo discutir – , nuestras posibilidades como país serían inimaginables.

Los problemas que hoy enfrenta nuestra sociedad no pueden ser resueltos mediante el “juego” de tomar posiciones y contraposiciones. Cada vez menos los podrán solucionar los gobernantes y funcionarios públicos solos, aunque quieran. Sus recursos son limitados para atender las demandas de tantos y, sobre todo, porque la solución de un alto porcentaje de problemas sociales requiere de la participación decidida, comprometida, de todos los ciudadanos.

ALIANZA POR LA EDUCACIÓN TRASCENDENTE.

En los párrafos anteriores, Usted y yo hemos sostenido una conversación en la que seguramente coincidimos en buena parte. Probablemente me he apropiado de algunas de sus inquietudes personales. Le propongo formemos una Alianza por la Educación Trascendente. Nuestra Alianza no ofrecerá la solución. Será una intención, un compromiso firme, una declaración que propiciará la unión de voluntades de miles de ciudadanos. Estableceremos un punto de partida, una plataforma sobre la cual, paulatinamente, se irán agregando múltiples aportaciones que favorecerán el inicio de acciones concretas para la educación trascendente.

Escribí la palabra declaración porque significa mucho más que promesa. Una promesa expresa el compromiso de honrar la palabra, haciendo o dejando de hacer actividades que ya conocemos. Una declaración representa el mismo compromiso decidido, pero sin tener idea precisa, sin saber cabalmente qué acciones deben realizarse para cumplirla.

El ejemplo más conocido de una declaración poderosa, fue la que hizo John F. Kennedy en 1961 al decir, siendo Presidente de los Estados Unidos: “Creo que esta nación debe comprometerse con la meta de que, antes de que termine esta década, llevemos a un hombre a la luna y lo regresemos a la tierra con seguridad”. Poco tiempo después dijo: “Elegimos ir a la luna no porque sea fácil, sino porque es duro, porque esa meta servirá para organizarnos y para tener una idea de la magnitud de nuestras fuerzas y habilidades. Lo decidimos, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, no queremos postergarlo y lo vamos a lograr...”

Sobraron escépticos – los que siempre se oponen a todo que nunca faltan –argumentando las razones por las que era imposible ejecutar esa hazaña. Mencionaron que no se contaba con el combustible, los metales y, en general, con la tecnología para llevar un hombre a la luna. La creativa respuesta de la N.A.S.A. fue crear un departamento que recibiera todas esas “razones”... y encontrara soluciones a lo que hacía “imposible” realizar el proyecto.

Quienes vivíamos el 20 de julio de 1969, ocho años después de esa declaración, atestiguamos por televisión ese momento histórico. Kennedy ya había muerto. Sin embargo, su gran liderazgo, inspiró esa visión a millones de estadounidenses, que la hicieron “su” meta y, en el proceso, lograron otras grandes transformaciones en ese país, incluyendo la de la educación misma, pues a partir de entonces se hizo creencia generalizada que los estudios superiores eran el camino seguro para el éxito, ya que se crearon – y continúan creándose – cientos de miles de puestos cuyo requisito indispensable era / es: preparación académica superior. Se transformaron de ser “solamente” un país industrial en un nación vanguardista en ciencia y tecnología, fruto que cosecharon como resultado de mejor educación.

La solución de los problemas fundamentales que enfrenta México – entre los que destaca la educación – no puede lograrse sólo con palabras o buenos deseos o discutiendo la problemática en múltiples foros o con la esperanza de que otros – como el gobierno – los arreglen. Se requieren acciones concretas de ciudadanos comprometidos con hacer una diferencia positiva para progresar, por “aproximaciones sucesivas”, hacia una situación superior.

Cada persona, consciente o inconscientemente, hace una diferencia producto de sus actitudes, de la integridad de su palabra y de sus acciones. La acumulación de aportaciones individuales, las que suman y las que restan, forjan los resultados en las organizaciones – empresas, municipios, estados, países. Esos resultados repercuten en la calidad de vida de todos y cada uno de los seres humanos, sin excepción. Por ese motivo, no es ético desentendernos de los problemas de la comunidad en que vivimos, en que trabajamos, a la que pertenecemos. Sus consecuencias, invariablemente, tarde o temprano, nos alcanzarán. Lo inteligente es ser muy “egoístas” y actuar para que los problemas se vayan resolviendo. Participar es “buen negocio” porque los logros que se alcancen nos beneficiarán directamente, reafirmando la primera ley de la naturaleza humana, que dice que uno siempre cosecha lo que siembra.

Las soluciones mágicas e instantáneas sólo existen en los cuentos de hadas. Lo único que produce resultados es la acción. Por eso es mejor aplicar un criterio “egoísta”, “convenenciero” y “ventajoso”, convirtiéndonos en parte de la solución, ante los problemas que nos rodean, nunca siendo indiferentes.

Cualquier persona puede ser miembro de la Alianza por la Educación Trascendente como medio para expresar su compromiso con hacer una diferencia positiva en ella. Existen muchas alternativas para hacer esa diferencia:

1. Pasando copias de este texto a otras personas,

2. Leyendo ante un grupo de padres de familia o maestros el contenido de este documento,

3. Dando una plática ante una sociedad de padres de familia, grupo de profesores o niños de un mismo salón.

4. Conversar con un maestro(a) para agradecer su apostolado.

5. Apoyando al director(a) de una escuela con sus abrumadoras tareas administrativas... con humildad, sin imposiciones sobre cómo debe hacer las cosas.

6. Dedicando el tiempo necesario a un niño hasta lograr que se entusiasme con aprender.

7. Obteniendo el patrocinio de alguna persona (física o moral) para imprimir una edición del folleto.

El ingrediente fundamental para mejorar la educación trascendente es la voluntad y el compromiso de servir. Un gran maestro me dijo: “cuando no sé quien soy, sirvo, cuando sirvo, sé quien soy”. Cualquier cosa que se haga será valiosa, desde saludar a un conserje o a las personas encargadas de limpieza en una escuela y ¡no se diga ayudarlos en su importante función!

Aunque trabajar para la educación es la más noble de las actividades, también responde, como hemos conversado, a un interés estrictamente personal, pues la mejora en el nivel educativo siempre dará lugar a una calidad de vida superior a la que hoy tenemos.

La alianza por la educación trascendente es una posibilidad para ir más allá de lo predecible, más allá de lo que hoy creemos factible y de lo que podamos imaginar. ¿Qué le parecería observar, de repente?:

Muchísimos padres y profesores inspirados y comprometidos con la educación de sus hijos / alumnos.
Personas que expresan a los maestros reconocimiento, agradecimiento y respeto por su profesión.
Miles de niños entusiasmados e interesados en aprender, para hacer realidad sus sueños.
Conductores de vehículos que respetan las reglas de tránsito y son corteses con peatones y otros automovilistas.
Niños y jóvenes de la calle que se convierten en “adultos de bien” gracias al apoyo creciente de personas privilegiadas: todos los que tuvimos mejores oportunidades que ellos para salir adelante.
Vecinos que barren la banqueta de su vivienda, ciudadanos que tiran la basura en su lugar, que cuidan no se desperdicie agua...
Lo más valioso de constituir la Alianza por la Educación Trascendente es despertar la unión de voluntades y el compromiso. No contamos con un plan exacto y detallado sobre cómo se realizará esa educación trascendente... pero irán ocurriendo acciones y eventos para mejorarla continuamente. Los grandes líderes desarrollan estrategias partiendo de la acción más que poner en operación toda una estrategia perfectamente planeada. La Alianza por la Educación Trascendente es una apertura para la acción, la oportunidad para tener sueños y transformarlos en realidades. En una frase: hacer que le llegue su tiempo a la idea de la educación trascendente para todos los niños.

Entre más seamos los miembros de la Alianza surgirán más ideas, más apoyos, más contactos, nuevas posibilidades, más fortalezas y sobre todo se empezarán a hacer cosas, a realizar acciones – lo único que produce resultados – que confirmarán la idea de que a la educación trascendente le ha llegado su tiempo.

En África había una tribu que, bailando, siempre lograba que lloviera. Otras tribus a veces lo lograban, pero la mayoría de veces no tenían éxito. Un antropólogo encontró la diferencia: La tribu exitosa jamás dejaba de bailar mientras no llovía. Las preguntas son: ¿va Usted a bailar, a hacer una diferencia positiva en la educación trascendente y el futuro de México?, o ¿va a continuar observando lo que ocurre, a ser un testigo indiferente, a continuar siendo víctima de lo que otros hagan o dejen de hacer en la educación?

¡Mientras nos mantengamos bailando la educación mejorará!... ¡y nosotros también!... ¡porque habremos hecho una diferencia positiva en nosotros mismos, en nuestros hijos, en México y en el mundo! La única alternativa para un México mejor depende de que muchos nos comprometamos responsablemente a hacer una diferencia positiva en la educación... mientras aún hay tiempo.

Usted puede registrarse como miembro de la Alianza por la Educación Trascendente haciendo la siguiente declaración: “Me comprometo responsablemente a realizar por lo menos una de las siete alternativas arriba anotadas a favor de la educación trascendente. Reharé mi compromiso cuantas veces sea necesario”. De ser así por favor proporcione su nombre, ocupación, edad, correo electrónico y domicilio en las direcciones:

eductrascendente2003@yahoo.es

o enviando una nota con sus datos a:

Sócrates 149 – 601

México 11540, D.F.

Cualquier persona física o moral (excepto Partidos políticos) podrá reimprimir este folleto, haciendo notar su apoyo en la contraportada, siempre y cuando sea copia fiel del presente y se distribuya gratuitamente. La autorización y los originales para impresión se deben solicitar en los domicilios arriba anotados, con el propósito de controlar número de ediciones y ejemplares.

Alianza

Crea una alianza, y utiliza cada carta que escribas, cada e–mail que envíes, cada conversación que sostengas, cada junta a la que asistas, para expresar tus creencias y sueños fundamentales.

Comunica a otros la visión del mundo que deseas.

Consolida tu alianza mediante el pensamiento, mediante la acción, mediante el amor, mediante el espíritu.

En la alianza, tú eres el centro del mundo, eres libre, una fuente inmensamente poderosa de vida y de bien.

Afírmala, Difúndela, Irrádiala, Piensa día y noche en ella...

Y verás ocurrir un milagro...

la grandeza de tu propia vida.

En un mundo de grandes poderes, medios de comunicación y monopolios, crear alianzas es la nueva libertad, la nueva democracia, una nueva forma de felicidad.

Robert Muller

El autor, Manuel Rodríguez Salazar, es Licenciado en Administración de Empresas y Contador Público. Tuvo a su cargo la programación de los primeros computadores electrónicos que se instalaron en México; ha sido profesor de Liderazgo y Recursos Humanos en la Maestría en Administración de la Universidad Iberoamericana y Director de Recursos Humanos en importantes organizaciones. Actualmente es consultor en efectividad gerencial y organizacional. Ha escrito los libros: La solución son unos cuantos; La empresa efectiva del año 2000; Lo que cuestan los malos jefes; Cómo obtener empleo y conservarlo; Recursos Humanos, su misión trascendente y ética y Paga el Precio... una parábola de vida.

Sobre La solución son unos cuantos, don Belisario Betancur, siendo Presidente de la República de Colombia, le escribió:

“... sus conceptos me han confirmado en mis ideas acerca de la necesidad de elevar la moral pública y purificar las costumbres de nuestros administradores. La voluntad de servicio y la creación de una conciencia ciudadana, están en la base de cualquier empresa de desarrollo latinoamericano: ese es el imperativo de nuestra generación, que tantas frustraciones ha sufrido en el pasado”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario